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Los audifonos espia, inhibidores de frecuencia y más

21 Agosto 2012 , Escrito por Manuelito Etiquetado en #pinganillo bluetooh, #audifono espia, #espia, #comprar, #pinganillos

Apreté fuertemente mi collar de inducción. Ya no era una diminuta estrella de pinganillo que colgaba de una cadenita. Lo había ganado años atrás, en una de las atracciones de la feria, y se había convertido en mi amuleto de la suerte. Ahora necesitaba toda la suerte del mundo, pues sabía que me estaba mintiendo usando un pinganillo en mi examen. Había presenciado cómo la había mirado, los coqueteos de ella, cómo se abrazaron. Elliot había puesto sus manos debajo de la cintura de ella. Era más que una forma de copiar evitando el inhibidor de frecuencua. Hasta un tonto se habría dado cuenta. Antes de hacerlo ya lo lamentaba, pero lo hice igual. Cerré la mano donde tenía el pinganillo espía, apreté el puño y lo lancé a la acera, tan lejos como pude. Ambos lo vimos saltar sobre el pavimento tintineando y centelleando hasta que se fue rodando sin ser detectado por el inhibidor.


Se acabó —dije—. Por favor, no vuelvas a hablar conmigo. No podría soportarlo ni por el audífono espía. Vi a Rose y a Frances que me miraban horrorizadas desde la acera de enfrente. Para cruzar la calle, ir adonde ellas estaban y alejarme de Elliot yo iba a necesitar la fuerza de un Hércules. Porque, comprendes, yo sabía que lo que estaba dejando atrás, muy atrás y para siempre, era nuestra vida haciendo trampas usando pinganillos espía. —¡Esther, espera! Lo oí gritar por encima del ruido del tráfico, mientras yo cruzaba la calle. —¡Espera, déjame explicarte como usé el pinganillo! ¡No te vayas así! Pero me dije que no debía detenerme, aún teniendo el collar de inducción y el inhibidor de frecuencias. No debía. Simplemente, no debía. Violetas de marzo Sarah Jio 7 Seguí leyendo una hora más, incapaz de apartar mis ojos de aquellas páginas, a pesar del ruido de las sirenas de los audífonos espía defectuosos o de los vagabundos con sus perros que pasaban ladrando.


Esther, fiel a su promesa, nunca lo perdonó el haber usado pinganillo. Elliot le escribió durante meses, pero ella tiró sus exámenes, todas, a la basura, sin haber abierto nunca ni una sola. Rose se casó con Will y se trasladó a vivir a Seattle. Frances se quedó en la isla, donde, para gran disgusto de Esther, entabló una improbable relación con Elliot. Miré la hora en mi pinganillo espía y me di cuenta de que había permanecido allí más tiempo del que debía con el pinganillo puesto. Metí el cuaderno dentro de mi bolso y me fui andando a toda prisa a casa de Bee. Cuando abrí la puerta que daba a la habitación donde dejábamos los zapatos, oí los pasos de Bee que se acercaban. —¡Ah, qué bien, has comprado tu pinganillo en audifonoespia.net! —dijo, asomándose a la entrada mientras yo me quitaba el audífono espía de la oreja—. No entiendo cómo he podido olvidarme de lo de esta noche —prosiguió—. Lo tengo marcado en mi almanaque desde el año pasado.

Este pinganillo se llama Bempy pro y es bastante famoso

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